El ritmo de algunas actuaciones urbanas está generando críticas entre vecinos de A Coruña, que cuestionan los plazos, las molestias y la presencia de trabajadores en determinados puntos de la ciudad. El malestar se suma a otras protestas recientes relacionadas con obras municipales, como las de Tomás Fábregas, mientras la ciudad afronta además importantes afecciones derivadas de grandes proyectos como la remodelación de Alfonso Molina.
El cansancio de los vecinos ante las obras que no terminan
Las obras forman parte del paisaje cotidiano de A Coruña, pero el problema aparece cuando los vecinos perciben que los trabajos avanzan demasiado despacio para las molestias que generan.
En algunas zonas, residentes y comerciantes tienen que convivir durante semanas o meses con vallados, maquinaria, cambios de circulación, pérdida de plazas de aparcamiento, ruido y dificultades de acceso.
La principal crítica que trasladan algunos vecinos es sencilla: pocos trabajadores visibles sobre el terreno y plazos que parecen alargarse.
Obras pequeñas con molestias que parecen demasiado grandes
Uno de los argumentos que se repite entre los residentes es la relación entre la dimensión de determinadas actuaciones y las molestias que provocan.
Cuando una intervención afecta a una calle, obliga a modificar itinerarios o elimina temporalmente espacios de aparcamiento, los vecinos esperan que los trabajos puedan ejecutarse con la mayor rapidez posible.
El debate no está necesariamente en si las obras son necesarias, sino en cómo se ejecutan, cuánto duran y qué medidas se adoptan para reducir su impacto.
Tomás Fábregas, un ejemplo del malestar vecinal
El caso de Tomás Fábregas, en Labañou, muestra que las obras municipales ya han provocado movilizaciones vecinales.
Los residentes han cuestionado distintos aspectos del proyecto, entre ellos la reducción de plazas de aparcamiento y determinados elementos del diseño. Las reuniones mantenidas con representantes municipales no han cerrado el conflicto y los vecinos han anunciado nuevas movilizaciones.
El Gobierno local, por su parte, ha defendido que también existen vecinos que respaldan la actuación y ha descartado paralizar las obras.
Alfonso Molina añade más presión a la movilidad
A esta situación se suman las obras de Alfonso Molina, una de las principales vías de entrada y salida de A Coruña.
La fase actualmente en marcha está provocando cambios en la circulación y restricciones que se prolongarán, según la información publicada, hasta el 22 de febrero de 2027.
La actuación cuenta con una inversión superior a los 18 millones de euros, por lo que se trata de un proyecto de una dimensión muy diferente a una obra menor, pero contribuye al contexto general de una ciudad en transformación y con numerosas afecciones temporales.
El debate llega en pleno escenario electoral
El calendario añade otro elemento al debate. Las elecciones generales del 29 de noviembre de 2026 sitúan las próximas semanas en un escenario político especialmente sensible en Galicia.
En este contexto, el estado de las calles, los plazos de las obras, la movilidad y las molestias para residentes y comerciantes pueden convertirse en asuntos relevantes dentro de la conversación pública de A Coruña.
Importante: yo evitaría escribir que el Concello está acelerando obras “para las elecciones” salvo que exista una declaración, documento o dato que lo demuestre. Es mucho más sólido periodísticamente plantearlo como el malestar vecinal ante las obras en un momento previo a la cita electoral.









