La salida de Sánchez Izquierdo de la dirección de la CRTVG brindaba una oportunidad de oro para cambiar el modelo de gestión y contenidos de la televisión autonómica. Alguien pensó que Antonio Castelo, responsable de Marketing de Estrella Galicia, podría ser la persona encargada de pilotar esa transición hacia una televisión más ambiciosa, que buscara rentabilidad, que exportara contenidos, que interesara a un mayor número de espectadores. Se buscaba, en definitiva, a un gestor que situara la TVG en un escenario que trascendiera la Galicia rural y que generara recursos económicos suficientes para no depender exclusivamente de los presupuestos de la Xunta. El gobierno Gallego aporta un 95% de la financiación del canal público. Antonio Castelo parecía ser una apuesta segura para lograr estos objetivos.
La otra candidata, Concha Pombo, es una veterana de la CRTVG, jefa de informativos y avalada por Sánchez Sierra. Representaba el continuismo, nada que objetar si lo que se busca es perpetuar el modelo. Era también la apuesta del equipo directivo saliente y del gurú en la sombra, Paco Campos.
Los currículums de Concha Pombo y Antonio Castelo llegaron a la mesa del presidente Rueda y él, no sabemos si solo o en compañía de otros, optó por la continuidad. Concha Pombo fue nombrada directora general de la CRTVG reconvertida nominalmente en CSAG (Corporación de Servizos Audiovisuais de Galiza). No nos engañemos, nadie le va a pedir resultados económicos ni mejorar contenidos. Lo importante es que los informativos del canal autonómico incrementen su influencia y apoyen la gestión del ejecutivo gallego. Nada nuevo, es la misma pretensión de los demás gobiernos autonómicos y del gabinete de Pedro Sánchez. Los medios públicos tienen esa función principal, nos guste o no.












