En un céntrico edificio de A Coruña hay una oficina misteriosa, el 4ºF. Su nombre no aparece en el directorio del inmueble, tampoco en los buzones y mucho menos en el rellano de la planta o en la propia puerta. Van de incógnito. No reciben correspondencia. Dentro, apenas hay tres mesas con sus sillas, no se ven ordenadores, el personal lleva cada día su portátil y al acabar lo porta de vuelta a casa. Un misterio, sobre todo cuando acudes al Registro Mercantil y en esa dirección no aparece empresa alguna.
En el edificio se celebran periódicamente cenas de confraternidad entre los empleados de las distintas oficinas. Los del 4ºF no participan, sus jefes no les dejan, tienen miedo a que se vayan de la lengua, no pueden decir a qué se dedican. Cualquiera podría pensar que trabajan para un servicio secreto o para un cártel de la droga, por pensar en algo intrigante y peligroso, aunque seguro que es algo más mundano.
Un día apareció por el edificio un político con cargo en el partido y en un organismo público, al parecer es uno de los jefes de la oficina “clandestina”. Este señor, que se deja ver de cuando en vez, está apadrinado por un poncio que lo va colocando en las esferas de poder. Llegados a este punto ¿qué pueden estar haciendo en esa oficina? Cualquier día nos lo aclara la UCO. Acaso, al leer estas letras decidan que es tiempo de mudanza.



