Las movilizaciones que comenzaron a finales de septiembre se han convertido en una protesta de alcance estatal contra el precio de los alquileres y las dificultades para acceder a una vivienda. La situación ha cambiado según la ciudad: algunas acampadas continúan, otras se han levantado y el movimiento prepara nuevas acciones.
Las acampadas por la vivienda que ocuparon plazas de distintas ciudades españolas durante las últimas semanas han entrado en una nueva fase. La protesta, impulsada por las dificultades para acceder a una vivienda y reactivada tras el desahucio de Maricarmen, una mujer de 87 años en Madrid, ya no evoluciona de la misma manera en todo el país.
Madrid y Barcelona mantienen los principales campamentos, mientras en ciudades andaluzas como Granada y Málaga las organizaciones han decidido retirar las tiendas para centrarse en nuevas movilizaciones. En Galicia, Santiago de Compostela se sumó a las protestas con una acampada en la plaza del Obradoiro.
La movilización también ha cambiado de estrategia después de que el Congreso rechazase los decretos de vivienda aprobados por el Gobierno a finales de septiembre. Los colectivos han mantenido sus reivindicaciones y han situado entre sus objetivos la preparación de nuevas protestas y una posible huelga general por la vivienda.
Madrid: la acampada de Sol supera al 15-M en duración
La Puerta del Sol se ha convertido en el símbolo de esta nueva ola de protestas. El campamento comenzó el 26 de septiembre, después de una manifestación vinculada al caso de Maricarmen y a las dificultades para acceder a una vivienda digna.
El 25 de octubre, la acampada madrileña alcanzó su noche número 29, superando los 28 días que duró el campamento del 15-M en 2011. La protesta ha mantenido su presencia en el centro de Madrid pese a las diferencias entre los colectivos participantes y a la presión institucional.
La continuidad del campamento también ha abierto un conflicto sobre el uso del espacio público. El Tribunal Superior de Justicia de Madrid rechazó a principios de octubre las medidas cautelares solicitadas por la Comunidad de Madrid para forzar su desalojo.
El 28 de octubre, la Delegación del Gobierno trasladó a los organizadores que podría resultar legítimo poner fin a la concentración, al considerar que las circunstancias habían cambiado y que la protesta se había prolongado durante un tiempo razonable. Esa comunicación no equivale, por sí sola, a un desalojo ejecutado.
Barcelona mantiene la acampada de plaza Catalunya
Barcelona es otro de los grandes focos de la movilización. La acampada de plaza Catalunya continuaba activa el 23 de octubre, cuando cumplía tres semanas.
La dimensión del campamento ha sido objeto de distintas estimaciones: la organización calculaba que había más de 600 tiendas, mientras que el Ayuntamiento contabilizaba 360. Los participantes han asegurado que no tienen intención de abandonar la plaza.
La protesta también ha generado tensiones por las condiciones de seguridad y el suministro eléctrico. El Ayuntamiento decidió cortar la electricidad tras detectar los bomberos una conexión irregular a la red, mientras los acampados reclamaban acceso a servicios básicos.
El Sindicato de Inquilinas se retiró de la acampada para centrarse en la preparación de nuevas movilizaciones, incluida la huelga general por la vivienda prevista para el 11 de noviembre.
Valencia y Andalucía: las protestas no siguen el mismo camino
La movilización también se extendió a la plaza del Ayuntamiento de Valencia, donde a principios de octubre los organizadores informaban de unas 600 tiendas de campaña.
En Andalucía, sin embargo, la evolución ha sido diferente. Granada y Málaga levantaron sus campamentos el 11 de octubre para concentrar sus esfuerzos en preparar nuevas acciones. En Sevilla, la acampada de la plaza de la Encarnación continuaba activa el día 12, con unas 200 tiendas según los organizadores.
Estos movimientos muestran que levantar una acampada no significa necesariamente abandonar las reivindicaciones. En algunos casos, los colectivos han optado por trasladar sus esfuerzos a asambleas, manifestaciones y nuevas formas de presión social.
¿Qué pasó con la acampada por la vivienda en Santiago de Compostela?
Galicia también se incorporó a las movilizaciones. En Santiago de Compostela, las primeras tiendas se instalaron en la plaza del Obradoiro el 1 de octubre, después de una protesta que había pasado por la estación intermodal.
La acampada creció durante los días siguientes y superó el centenar de tiendas. Los participantes reclamaban medidas para frenar los desahucios, reducir el coste de los alquileres y facilitar el acceso a una vivienda digna.
El campamento se convirtió en un espacio de organización, con asambleas, turnos de cuidado y colaboración vecinal. La muerte de Maricarmen reforzó el carácter simbólico de las protestas y las demandas de cambios estructurales en el acceso a la vivienda.
No obstante, la información disponible permite confirmar la expansión de la acampada durante los primeros días de octubre, pero no establecer con certeza su situación exacta a 29 de octubre. Por eso, no debe darse por hecho que continúa activa o que ha sido levantada sin una actualización local.
El rechazo de los decretos de vivienda cambió el rumbo de las protestas
Uno de los momentos decisivos llegó a comienzos de octubre, cuando el Congreso rechazó los dos decretos de vivienda impulsados por el Gobierno. Las medidas incluían distintas iniciativas relacionadas con la protección frente a los desahucios, los alquileres y la regulación del mercado inmobiliario.
El rechazo parlamentario provocó nuevas movilizaciones y reforzó las llamadas de los colectivos a mantener la presión. El Sindicato de Inquilinas y otras organizaciones comenzaron a trabajar en nuevas acciones, con la posibilidad de una huelga general por la vivienda como uno de los principales objetivos.
El movimiento reúne demandas diversas, aunque comparte una preocupación central: la dificultad de acceder a una vivienda asequible. Entre sus reivindicaciones figuran la reducción de los alquileres, una mayor protección de los inquilinos y medidas contra la especulación inmobiliaria.
¿Se han acabado las acampadas por la vivienda?
No. La situación varía según la ciudad y las organizaciones que impulsan cada protesta. Madrid y Barcelona mantenían campamentos activos en las últimas informaciones disponibles, mientras que Granada y Málaga habían retirado los suyos y Sevilla continuaba con la movilización a mediados de octubre.
En otras ciudades, las protestas han servido para impulsar asambleas y preparar nuevas convocatorias. La huelga general por la vivienda prevista para el 11 de noviembre se ha convertido en uno de los próximos hitos de la movilización.
La cuestión de fondo sigue abierta: cómo responder al encarecimiento de la vivienda y a las dificultades que afrontan quienes buscan alquilar o comprar un hogar. Las tiendas de campaña han hecho visible el conflicto, pero el siguiente capítulo dependerá de la capacidad de los colectivos para mantener la movilización y de las decisiones que adopten las administraciones.










