Maricarmen Abascal ha fallecido este miércoles en el Hospital Gregorio Marañón de Madrid a los 87 años. Su desahucio, ejecutado el pasado 23 de septiembre después de 71 años viviendo en su casa del barrio de Retiro, desencadenó una ola de protestas y convirtió su nombre en un símbolo de la lucha por el derecho a la vivienda en España.
María del Carmen Abascal, Maricarmen para todos, ya no está. La mujer de 87 años que abandonó en una camilla la vivienda en la que había vivido desde 1956 ha fallecido este miércoles en el Hospital Gregorio Marañón de Madrid.
Su historia había trascendido mucho antes de su muerte. La imagen de aquella mujer mayor, enferma y en silla de ruedas, saliendo de su casa con una pequeña bolsa de mano después de más de siete décadas en el mismo domicilio recorrió España y terminó convirtiéndose en uno de los símbolos más reconocibles de la crisis de la vivienda.
Maricarmen, la mujer que vivió 71 años en la misma casa
Maricarmen llegó a aquella vivienda del barrio de Ibiza, en el distrito madrileño de Retiro, cuando era una adolescente. Su padre había comprado el piso en 1956 y allí vivió junto a sus padres y su hermano prácticamente toda su vida.
En aquella casa murió su padre, en 1960, y también su madre, en 2005. Allí guardaba sus fotografías familiares, sus pinturas, sus porcelanas y las pequeñas piezas de colección que formaban parte de su vida cotidiana.
“Yo he vivido aquí desde el año 56 hasta el día de hoy”, explicaba poco antes de abandonar el inmueble.
Su vida había transcurrido entre aquellas paredes. Estudió taquimecanografía y secretariado y trabajó durante 34 años como secretaria del consejo de administración de una empresa farmacéutica. Se jubiló en 1998.
Después llegó una vida tranquila en el barrio: paseos, compras en los comercios cercanos y el cuidado de una casa llena de recuerdos.
Hasta que el problema de la vivienda terminó llamando a su puerta.
Una renta antigua de unos 500 euros al mes
El conflicto se prolongó durante años.
Maricarmen tenía una pensión de unos 1.400 euros y aseguraba haber pagado siempre el alquiler y las facturas. En total, unos 500 euros mensuales.
El contrato de renta antigua había sufrido dos subrogaciones. Primero pasó a su madre y posteriormente a ella. En 2020, los propietarios comunicaron que debía abandonar la vivienda.
La diferencia económica era enorme. Según explicó la propia Maricarmen, se le reclamaba un alquiler de alrededor de 1.600 euros al mes, una cantidad que resultaba inasumible con sus ingresos.
Durante años hubo procedimientos judiciales, propuestas y varios intentos de desalojo. También se planteó la posibilidad de comprar la vivienda, pero las alternativas no terminaron resolviendo el conflicto.
Finalmente llegaron los lanzamientos.
Y el cuarto intento fue el definitivo.
La imagen que cambió la historia
El 23 de septiembre de 2026, Maricarmen abandonó su vivienda en una camilla.
Tenía 87 años.
Llevaba décadas viviendo allí.
Y aquella imagen provocó una enorme reacción social.
Las protestas comenzaron en Madrid y rápidamente adquirieron una dimensión nacional. La indignación alrededor del caso de Maricarmen desembocó en movilizaciones y en una acampada en la Puerta del Sol que convirtió su nombre en uno de los principales símbolos del movimiento por la vivienda.
El lema “Todos somos Maricarmen” comenzó a aparecer en pancartas y camisetas.
Y su nombre terminó llegando incluso al debate político y legislativo.
El nacimiento del llamado ‘decreto Maricarmen’
El impacto del caso fue tal que las propuestas para reforzar la protección de los inquilinos vulnerables comenzaron a identificarse públicamente con el nombre de “decreto Maricarmen”.
La expresión se convirtió en uno de los términos centrales del debate sobre vivienda de estas semanas.
El caso de Maricarmen pasó así de ser un conflicto particular entre una inquilina y la propiedad de una vivienda a convertirse en un asunto de dimensión nacional.
Su desahucio provocó movilizaciones en Madrid y en otras ciudades españolas y puso el foco sobre cuestiones como los alquileres de renta antigua, los contratos, los desahucios de personas vulnerables y el acceso a una vivienda.
Maricarmen volvió a casa
La historia tuvo un giro inesperado después del desahucio.
Tras la enorme presión social generada por el caso, la empresa propietaria alcanzó un acuerdo con la representación de Maricarmen para que pudiera regresar a su vivienda.
El acuerdo contemplaba un nuevo contrato de alquiler de ocho años y una renta que no superaría el 30 % de sus ingresos netos.
De esta manera, Maricarmen consiguió regresar a la casa que había perdido.
Pero el desahucio había dejado huella.
Su estado físico se había deteriorado considerablemente y necesitaba una silla de ruedas para desplazarse. En los últimos meses había perdido masa muscular, tenía dificultades para comer y reconocía que ya no se sentía como antes.
“Me ha afectado en todo. Yo ahora no soy yo”, explicaba.
“Voy a luchar hasta el final”
Maricarmen nunca quiso presentarse como una víctima pasiva.
Durante todo el conflicto mantuvo un discurso de resistencia. Repetía que iba a luchar hasta el final y, desde el hospital, llegó a dirigirse a las personas que permanecían acampadas en la Puerta del Sol.
Les pidió que defendieran sus derechos y que continuaran con su protesta.
Su voz terminó convirtiéndose en una parte esencial de la movilización.
La mujer que ya no podía caminar por las calles para acompañar las protestas pedía desde una habitación de hospital que los demás continuaran luchando.
El último sueño de Maricarmen
Poco antes de abandonar definitivamente su casa, Maricarmen hablaba de sus recuerdos con una precisión casi quirúrgica.
Cada rincón tenía una historia.
Cada objeto representaba una parte de su vida.
Su padre había muerto allí. Su madre también. Sus fotografías familiares seguían formando parte de aquella vivienda en la que había pasado 71 años.
Y tenía un deseo muy concreto: morir en su casa.
La presión social consiguió que regresara.
Pero su salud ya estaba muy deteriorada.
Este miércoles, Maricarmen ha fallecido en el Hospital Gregorio Marañón a los 87 años.
De vecina de Retiro a símbolo nacional
La historia de Maricarmen Abascal ya no pertenece únicamente al barrio madrileño de Retiro.
Su nombre quedó unido al debate sobre la vivienda en España.
Una mujer que había trabajado durante 34 años, que había pagado su alquiler y sus facturas y que había vivido durante más de siete décadas en la misma casa terminó protagonizando uno de los conflictos habitacionales con mayor repercusión social de los últimos años.
Su historia cruzó las fronteras de Madrid y llegó a las movilizaciones por la vivienda de otras ciudades españolas.
Y ahora, tras su muerte, queda una pregunta que seguirá formando parte del debate: qué cambiará en España después de la historia de Maricarmen.
Ella decía que quería haber sido una luz para quienes luchaban por una vivienda digna.
Lo fue.
Y su nombre, Maricarmen, queda ya ligado para siempre a una de las grandes batallas sociales por la vivienda en España.









