A medida que se acerca el mes de junio, hay un fenómeno que se repite en miles de hogares: apuntes sobre la mesa, horarios milimetrados y una sensación creciente de tensión. La Prueba de Acceso a la Universidad (PAU) no solo mide conocimientos; también pone a prueba la capacidad emocional de toda una generación que se juega, en pocos días, buena parte de su futuro académico.
El estrés, lejos de ser un enemigo absoluto, puede convertirse en un aliado si se gestiona correctamente. Así lo defienden desde el ámbito psicopedagógico, donde advierten de que el verdadero problema no es sentir presión, sino no saber canalizarla.
«Es completamente normal experimentar cierto grado de estrés y ansiedad en estas semanas. El error es interpretarla como algo negativo en lugar de entender que forma parte del proceso», explica Ángel Ubach, psicólogo del Departamento de Orientación del Colegio Real Monasterio Santa Isabel. «Cuando el estudiante acepta esa emoción y aprende a regularla, su rendimiento mejora notablemente».
En esta recta final, marcada por la intensidad académica y la cercanía de los exámenes, pequeños cambios en la organización y en la gestión emocional pueden tener un impacto directo en el rendimiento.
A partir de la experiencia directa con estudiantes en esta etapa, el especialista señala algunas pautas clave para afrontar la PAU con mayor equilibrio emocional y académico.
1. Priorizar el descanso y evitar estudiar de noche
Uno de los fallos más habituales en esta recta final es sacrificar el descanso en favor de más horas de estudio. Sin embargo, los especialistas insisten en que dormir bien no es negociable. La falta de descanso afecta de forma directa a la memoria y la concentración. Dormir en torno a 8 horas y mantener una dieta equilibrada es fundamental para afrontar periodos académicos especialmente exigentes.
«Un mal descanso puede generar bloqueos, olvidos y un estado de ánimo más bajo y ansioso», señala Ubach.
2. Planificar el estudio con objetivos realistas
A esto se suma la importancia de una planificación realista. Tras el final de curso, se recomienda una media orientativa de unas 6 horas diarias de estudio, ajustadas a la necesidad de cada alumno. Organizar el tiempo por asignaturas y priorizar aquellas que requieren más esfuerzo permite mejorar la eficacia y reducir la sensación de descontrol.
3. Combinar estudio, pausas y actividad física
No todo debe ser tiempo frente a los apuntes. Incluir descansos, ejercicio físico y tiempo de desconexión ayuda a reducir el estrés y mejora el estado de ánimo.
El cerebro necesita alternar esfuerzo y recuperación. Incluir deporte o momentos de ocio no es perder el tiempo, es invertir en rendimiento.
4. Utilizar técnicas de estudio activas
Otro de los puntos clave está en cómo se estudia. No basta con releer apuntes: es fundamental activar la memoria.
Técnicas como la autoevaluación, el uso de tarjetas de preguntas o la repetición espaciada han demostrado ser mucho más eficaces que el estudio pasivo. «Es importante utilizar métodos que te obliguen a expresar lo que sabes», apunta el psicólogo.
Además, distribuir las asignaturas en distintos días permite reforzar los contenidos y combatir el olvido, una idea respaldada desde hace décadas por la psicología del aprendizaje tal y como demostró Ebbinghaus.
5. Trabajar la gestión emocional
Gran parte de la ansiedad ante la PAU nace de la incertidumbre y de la sensación de querer controlarlo todo. Por eso, los especialistas recomiendan centrar la atención en aquello que sí depende del estudiante: la organización, el esfuerzo y los hábitos durante la preparación.
«Hay que preguntarse qué puedo cambiar para mejorar la situación. Si se puede hacer algo, se hace; y si no, hay que asumir que estás haciendo lo que puedes y que no puedes exigirte más», explica Ubach.
En este sentido, técnicas de respiración y relajación pueden ayudar a reducir la activación emocional en los días previos y durante los exámenes. «Relajar el cuerpo ayuda a relajar la mente», resume el psicólogo.
Los expertos también insisten en la importancia de aceptar los nervios como parte natural del proceso. Cuando esa presión aumenta, recomiendan desconectar durante un rato, hacer deporte y apoyarse en amigos o familiares.
Además, puede ser útil recurrir a mensajes internos y afirmaciones positivas como «puedo con esto» o «he estudiado todo lo que he podido», para reducir la autoexigencia excesiva.
6. Cuando pedir ayuda es la mejor estrategia
Aunque cierto nivel de estrés es esperable, los especialistas advierten de que, si la ansiedad se vuelve incapacitante, es importante acudir a profesionales.
«Hay estudiantes que llegan a bloquearse por completo. En esos casos, pedir ayuda no es una debilidad, es una decisión inteligente», concluye.
Porque, en plena cuenta atrás hacia la PAU, donde la presión se concentra en unos pocos días, aprender a gestionar el estrés se ha convertido en una herramienta tan importante como cualquier contenido del temario.
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