El programa finlandés KiVa cumple diez años en España con avances en la prevención del acoso escolar. Los datos de los centros participantes reflejan una reducción del contacto físico no deseado, aunque la soledad y determinados comportamientos de acoso siguen presentes entre los estudiantes.
La prevención del acoso escolar continúa siendo uno de los grandes retos de los centros educativos. El programa KiVa, desarrollado en Finlandia y extendido a otros países, cumple una década en España con resultados que apuntan a una evolución positiva en algunos indicadores, pero también muestran que todavía queda trabajo por hacer.
Según los datos difundidos por el programa para el periodo comprendido entre 2022 y 2025, el porcentaje de alumnado que declara sufrir contacto físico no deseado habría pasado del 4% al 2,4%, lo que supone un descenso del 40%.
También se observan reducciones en otros indicadores. La proporción de estudiantes que afirma sufrir acoso escolar de forma frecuente baja del 6% al 5,2%, mientras que quienes reconocen ejercerlo pasan del 2,2% al 1,7%. En el caso del ciberacoso frecuente, el porcentaje desciende del 1,6% al 1,3%.
Sin embargo, los datos también reflejan situaciones que requieren atención. Los comentarios relacionados con el cuerpo o la sexualidad afectan aproximadamente al 7% del alumnado, mientras que la sensación frecuente de soledad apenas varía: pasa del 4,6% al 4,4%.
Diez años de prevención del acoso escolar en España
KiVa apuesta por implicar a toda la comunidad educativa en la prevención del acoso, con especial atención al papel de los compañeros que presencian estas situaciones. El objetivo es evitar que las conductas de intimidación encuentren respaldo o permanezcan silenciadas dentro del grupo.
El programa asegura que ha llegado a más de 200 centros educativos y a unos 150.000 estudiantes en España, además de haber formado a alrededor de 12.000 profesionales de la educación.
Los resultados difundidos apuntan a avances en determinadas conductas, pero la persistencia de la soledad y de los comentarios sobre el aspecto físico o la sexualidad recuerda que el bienestar escolar va más allá de reducir las agresiones visibles.
La detección temprana, la formación del profesorado y la implicación de las familias siguen siendo elementos esenciales para construir entornos educativos seguros, en los que los menores puedan pedir ayuda y sentirse acompañados.










