La transformación del Cantón Grande de A Coruña avanza a buen ritmo, pero también lo hace el debate ciudadano. Lo que debía convertirse en uno de los grandes proyectos de renovación urbana del centro coruñés ha abierto una intensa discusión sobre el modelo de ciudad que se quiere construir: más espacio peatonal, sí, pero ¿a costa de reducir la presencia de árboles y zonas verdes?
Durante meses, los trabajos han convertido uno de los lugares más emblemáticos de la ciudad en una gran obra. Ahora, a medida que el nuevo diseño empieza a tomar forma, son muchos los vecinos que muestran su preocupación por una imagen dominada por amplias superficies de piedra, hormigón y asfalto, mientras la vegetación parece quedar en un segundo plano.
Las críticas se centran especialmente en la sensación térmica que puede generar un espacio con escasa sombra durante los meses de verano. Arquitectos, urbanistas y colectivos vecinales recuerdan que las grandes ciudades europeas apuestan cada vez más por incrementar el arbolado urbano para combatir las altas temperaturas, mejorar la calidad del aire y hacer más confortables los espacios públicos.
Desde el Ayuntamiento, sin embargo, defienden que el proyecto incorpora una importante mejora del espacio para los peatones y que contempla la plantación de nuevos árboles y la creación de áreas de sombra. Según la información presentada durante el desarrollo del proyecto, la remodelación prevé la incorporación de 16 nuevos ejemplares arbóreos y alrededor de 500 metros cuadrados adicionales de sombra, además de conectar visual y paisajísticamente los Jardines de Méndez Núñez con el resto del paseo de los Cantones.
No obstante, buena parte de las críticas no se centran únicamente en el número de árboles previsto, sino en la percepción visual del conjunto. Las imágenes de la obra difundidas en las últimas semanas han provocado numerosos comentarios en redes sociales, donde muchos ciudadanos describen el futuro Cantón Grande como una plaza «demasiado mineral», con predominio de losas de piedra frente a espacios ajardinados.
El debate coincide con una tendencia internacional que busca renaturalizar las ciudades. La Organización Mundial de la Salud y numerosos estudios urbanísticos destacan la importancia del arbolado urbano para reducir el efecto «isla de calor», disminuir la contaminación atmosférica y favorecer el bienestar físico y psicológico de los ciudadanos.
Paradójicamente, el propio Concello mantiene una estrategia de incremento del patrimonio verde en otros puntos de A Coruña mediante nuevos planes de plantación de árboles y mejora de la infraestructura verde de la ciudad.
Mientras tanto, la remodelación del Cantón Grande continúa adelante como una de las mayores actuaciones urbanísticas realizadas en el centro coruñés en las últimas décadas. Cuando finalicen las obras será el momento de comprobar si el equilibrio entre espacio peatonal, patrimonio histórico y naturaleza urbana responde realmente a las expectativas de los coruñeses o si las críticas por la escasez de zonas verdes terminan consolidándose.
Lo que parece evidente es que el debate ya trasciende el propio proyecto. La discusión gira ahora en torno a una pregunta que afecta a todas las ciudades del siglo XXI: ¿deben las grandes reformas urbanas apostar por más piedra o por más naturaleza?












