Muchos conductores en España se están haciendo la misma pregunta estos días: si el Gobierno ha ampliado la rebaja de los carburantes, ¿por qué la gasolina sí parece bajar en las estaciones de servicio mientras el precio del diésel apenas se mueve? La explicación está en que el descuento fiscal no es el único componente del precio que pagamos al repostar.
Desde el 1 de octubre, el Gobierno aplica una reducción fiscal de hasta 20 céntimos por litro tanto a la gasolina como al gasóleo. La medida pretende contener el fuerte incremento de los carburantes registrado durante las últimas semanas.
Sin embargo, el efecto que percibe el conductor es diferente dependiendo del combustible.
El diésel llega a octubre con una fuerte presión al alza
El problema está especialmente en el mercado internacional del gasóleo. Durante septiembre, el precio del diésel en España llegó a subir pese a contar ya con una rebaja fiscal de 20 céntimos por litro. De hecho, el precio medio llegó a situarse en torno a 1,93 euros por litro, muy cerca de los máximos del año.
Los datos de septiembre muestran claramente esta situación: el diésel aumentó alrededor de un 8%, mientras la gasolina lo hizo cerca de un 7%. Y todo ello pese a las ayudas fiscales.
Es decir, la rebaja del impuesto está actuando como un freno, pero la subida del coste del producto está absorbiendo buena parte de ese descuento.
¿Por qué ocurre esto?
Porque el precio que vemos en el surtidor no depende únicamente del petróleo.
El Ministerio para la Transición Ecológica explica que el precio final combina la cotización internacional del combustible, el margen comercial, los impuestos y el IVA. Además, los carburantes cotizan internacionalmente en dólares, por lo que también influye la evolución del tipo de cambio entre el dólar y el euro.
Y aquí está una de las claves: gasolina y diésel no tienen exactamente la misma evolución en los mercados internacionales.
En las últimas semanas el mercado del gasóleo ha estado especialmente tensionado por problemas de suministro y capacidad de refino, mientras el conflicto en Oriente Medio también ha aumentado la incertidumbre sobre los mercados energéticos.
Entonces, ¿dónde está la rebaja?
Sí existe. Pero en el caso del diésel, parte de la rebaja fiscal está compensando la subida del coste del combustible, en lugar de convertirse íntegramente en una bajada visible en el surtidor.
De hecho, desde el 1 de octubre la gasolina ha pasado de contar con una reducción fiscal de cinco céntimos a 20 céntimos por litro, mientras que el diésel ya tenía esos 20 céntimos durante septiembre. Por eso el conductor que utiliza gasolina puede percibir ahora una reducción más evidente, mientras que quien utiliza diésel no necesariamente nota una nueva bajada.
Y hay otro factor importante: no todas las gasolineras tienen el mismo precio. La OCU ha detectado diferencias significativas entre estaciones de servicio y señala que elegir dónde repostar puede suponer un ahorro importante.
La pregunta que se hacen miles de conductores
Por eso, cuando un conductor llega a una gasolinera y comprueba que el gasóleo prácticamente cuesta lo mismo que días atrás, no significa necesariamente que la rebaja fiscal no se haya aplicado.
Significa que la ayuda está siendo absorbida, en buena parte, por la fuerte presión que existe actualmente sobre el precio internacional del diésel.
Y esta es la paradoja de octubre: el Gobierno baja los impuestos para abaratar los carburantes, pero el mercado internacional del gasóleo está empujando en sentido contrario.










