Sequía en Vigo: el agua de calidad tiene fecha límite y Eiras cae a mínimos históricos
Vigo afronta una situación cada vez más delicada por la falta de lluvias. El embalse de Eiras está al 33,6% de su capacidad y pierde 0,6 puntos diarios. Abel Caballero advierte de que la ciudad podría dejar de tener garantizada la calidad óptima del agua el próximo 26 de noviembre, aunque calcula que todavía quedarían reservas para otros 58 días con posibles incidencias.
La sequía en Vigo empieza a poner una fecha sobre el calendario: el 26 de noviembre. Es el horizonte que ha señalado el alcalde, Abel Caballero, para el mantenimiento de las actuales garantías de calidad del agua si continúa la tendencia de descenso de las reservas y no llegan lluvias suficientes.
El dato que explica la preocupación está en el embalse de Eiras, principal referencia del abastecimiento de la ciudad. Según los datos trasladados por el regidor, la presa se encuentra al 33,6% de su capacidad y pierde aproximadamente 0,6 puntos porcentuales cada día.
La situación podría empeorar todavía más esta semana. Caballero asegura que el embalse registrará este jueves su mínimo histórico de reservas para un 5 de noviembre.
El 26 de noviembre no significa que Vigo se quede sin agua
La advertencia municipal tiene un matiz importante que conviene entender. El alcalde no ha anunciado que Vigo vaya a quedarse sin agua potable el 26 de noviembre.
Lo que sostiene es que, a partir de esa fecha, dejaría de estar garantizada la calidad óptima del suministro en las condiciones actuales. Según sus previsiones, todavía habría reservas para aproximadamente otros 58 días, aunque podrían aparecer incidencias relacionadas con la calidad del agua.
La diferencia es relevante para los hogares, los negocios y las actividades económicas de Vigo y su área metropolitana. El problema no se limita a cuánto agua queda almacenada, sino a cuánto tiempo puede mantenerse el abastecimiento con las garantías de calidad actuales.
Eiras pierde agua a un ritmo de 0,6 puntos diarios
El embalse de Eiras se ha convertido en el centro de la preocupación por la evolución de la sequía en el entorno de Vigo.
Con una ocupación del 33,6%, cada jornada sin precipitaciones suficientes supone un nuevo descenso de las reservas. La pérdida de 0,6 puntos porcentuales diarios refleja la presión que soporta el sistema de abastecimiento.
El alcalde sostiene que la nueva potabilizadora municipal está siendo determinante para mantener las garantías actuales. Caballero asegura que, sin esta infraestructura, Vigo ya estaría recibiendo agua sin las mismas garantías de calidad.
El enfrentamiento entre Vigo y la Xunta por las soluciones
La situación también ha reabierto el debate sobre quién debe adoptar las medidas necesarias para reforzar el abastecimiento.
Abel Caballero reclama a la Xunta de Galicia una reducción inmediata del caudal ecológico del río para disponer de más recursos hídricos. También insiste en la construcción de una nueva presa aguas arriba del río Oitavén, una infraestructura que considera necesaria para aumentar las reservas y evitar que episodios de sequía vuelvan a colocar a Vigo en una situación similar.
El regidor reprocha al Gobierno gallego que no haya impulsado las actuaciones que considera necesarias y critica que la respuesta dependa de la llegada de lluvias.
Se trata de las reclamaciones y valoraciones del alcalde, en un debate que enfrenta al Ayuntamiento y a la Administración autonómica sobre las medidas para garantizar el suministro.
La lluvia, el factor que puede cambiar el escenario
Las próximas semanas serán decisivas para comprobar si las precipitaciones consiguen frenar el descenso de Eiras.
La evolución del embalse determinará si se mantiene la fecha del 26 de noviembre como horizonte de las garantías actuales o si la recuperación de las reservas permite modificar las previsiones.
Por ahora, el mensaje que deja la advertencia municipal es claro: Vigo tiene agua almacenada, pero el margen para mantener las actuales condiciones de calidad se está reduciendo. La atención se desplaza así de los niveles del embalse a una cuestión todavía más importante para la ciudadanía: qué garantías tendrá el agua que sale del grifo si la sequía continúa.










