Sentirse cansado durante varios días, notar debilidad, sufrir mareos frecuentes o tener menos tolerancia al esfuerzo físico puede parecer consecuencia del estrés o de la falta de descanso. Sin embargo, cuando estos síntomas se mantienen en el tiempo, también pueden ser una señal de anemia, una afección que aparece cuando el organismo no cuenta con suficientes glóbulos rojos sanos o con la hemoglobina necesaria para transportar oxígeno a los tejidos.
Nara Seguros, marca de seguros de salud, vida y ahorro, ha querido analizar en qué consiste esta afección, cuáles son sus principales síntomas y qué hábitos pueden ayudar a prevenirla o tratarla.
La hemoglobina es una proteína presente en los glóbulos rojos que permite llevar el oxígeno desde los pulmones al resto del organismo. Cuando sus niveles son bajos, el cuerpo puede recibir menos oxígeno del que necesita para funcionar correctamente, lo que puede traducirse en fatiga, debilidad, palidez, dolor de cabeza, manos y pies fríos, dificultad para respirar o aceleración del ritmo cardíaco.
Aunque existen distintos tipos de anemia, una de las más habituales es la anemia ferropénica, provocada por un déficit de hierro. Este mineral es clave para la producción de hemoglobina, por lo que unos niveles insuficientes pueden afectar a la capacidad de la sangre para transportar oxígeno de forma adecuada. Entre sus posibles causas se encuentran una dieta baja en hierro, dificultades para absorber nutrientes, pérdidas de sangre o etapas de mayor necesidad, como el embarazo, la infancia o la adolescencia.
Señales que conviene no ignorar
Los síntomas de la anemia pueden variar según su causa, intensidad y evolución. En algunos casos aparecen de forma gradual, lo que hace que muchas personas los normalicen o los atribuyan al cansancio habitual. Además de la fatiga persistente, pueden aparecer mareos, debilidad, palidez, falta de concentración, irritabilidad o menor rendimiento físico.
Ante cualquiera de estas señales, especialmente si se prolongan en el tiempo o interfieren en la rutina diaria, es recomendable acudir a un profesional sanitario. El diagnóstico suele realizarse mediante un análisis de sangre que permite valorar los niveles de hemoglobina y otros indicadores relacionados con el hierro.
En los casos asociados a la falta de hierro, la alimentación puede desempeñar un papel relevante. Carnes magras, pescado, marisco, huevos, legumbres, frutos secos, verduras de hoja verde y cereales enriquecidos son algunos alimentos que pueden contribuir a mejorar el aporte de este mineral. Además, combinarlos con fuentes de vitamina C, como cítricos, kiwi, fresas o pimiento, puede favorecer su absorción.
No obstante, la dieta no siempre es suficiente. En función de la causa y del estado de cada persona, el médico puede recomendar suplementos u otros tratamientos específicos. Por eso, evitar la automedicación y contar con un diagnóstico adecuado es fundamental.
Desde Nara señalan que: «la anemia puede pasar desapercibida porque sus síntomas suelen confundirse con el cansancio o el ritmo del día a día. Por eso, es importante prestar atención a señales como la fatiga mantenida, los mareos o la debilidad, y acudir a un especialista para recibir un diagnóstico y tratamiento adecuados. Cuidar la alimentación y asegurar un buen aporte de hierro también es fundamental para prevenir posibles déficits».













