Los problemas de memoria, atención, lenguaje o planificación pueden persistir después de un ictus incluso cuando las secuelas físicas son leves. Los especialistas destacan la importancia de detectar estas dificultades y adaptar la rehabilitación a la vida cotidiana de cada persona.
Recuperar la movilidad después de sufrir un ictus no siempre significa haber recuperado todas las capacidades. Algunas de las secuelas pueden pasar desapercibidas porque no afectan directamente a la forma de caminar o mover los brazos, pero sí a la memoria, la concentración, la comunicación y la autonomía personal.
Con motivo del Día Mundial del Ictus, que se celebra el próximo 29 de octubre, NeuronUP pone el foco en las alteraciones cognitivas que pueden persistir después de un episodio cerebrovascular y en la importancia de identificarlas para orientar la recuperación.
Valeria Medina, neuropsicóloga de NeuronUP, advierte de que la mejoría de las capacidades motoras no descarta la existencia de dificultades cognitivas. Estas pueden afectar a actividades habituales como recordar citas, seguir instrucciones, organizar tareas domésticas o tomar decisiones.
Las secuelas cognitivas del ictus que pueden pasar inadvertidas
El ictus se produce cuando se interrumpe el flujo sanguíneo hacia una parte del cerebro por la obstrucción de un vaso o por una hemorragia. Las consecuencias varían en función de la zona cerebral afectada y de la extensión de la lesión.
Entre las posibles secuelas se encuentran los problemas para mantener la atención, recordar información reciente, procesar datos con rapidez o encontrar las palabras adecuadas durante una conversación. También pueden aparecer dificultades en las funciones ejecutivas, relacionadas con la planificación, la organización y la toma de decisiones.
Estas alteraciones pueden condicionar la vida diaria incluso cuando la persona ha recuperado buena parte de su movilidad. El estado de ánimo, la calidad del sueño, la salud cerebral previa y determinados medicamentos también pueden influir en el rendimiento cognitivo.
Cinco señales que familiares y cuidadores deben observar
Identificar los cambios respecto al funcionamiento habitual de la persona es fundamental para detectar posibles dificultades después de un ictus.
1. Olvidos frecuentes. No recordar citas, perder información reciente o tener dificultades para acordarse de las tareas pendientes puede indicar problemas de memoria.
2. Dificultad para mantener la atención. Seguir instrucciones, leer un texto o terminar una actividad puede resultar más complicado que antes.
3. Problemas con el lenguaje. Tardar en encontrar palabras, tener dificultades para construir frases o perder el hilo de una conversación son señales que conviene comunicar al equipo sanitario.
4. Errores al organizar tareas cotidianas. Manejar dinero, planificar una salida o seguir los pasos de una actividad habitual puede requerir más esfuerzo o supervisión.
5. Mayor dependencia para desenvolverse. Necesitar ayuda para realizar tareas que antes se hacían de manera autónoma puede revelar dificultades que no siempre son evidentes en una exploración centrada en la movilidad.
Anotar ejemplos concretos de estos cambios y compartirlos con los profesionales sanitarios puede ayudar a orientar la valoración neuropsicológica y el tratamiento.
Cuándo hay que acudir a urgencias
Las dificultades persistentes tras un ictus deben valorarse por profesionales sanitarios, pero hay que distinguirlas de la aparición repentina de nuevos síntomas.
Una dificultad súbita para hablar, la pérdida de fuerza o sensibilidad en un lado del cuerpo o una alteración repentina de la visión pueden indicar un nuevo episodio cerebrovascular. En estos casos, es necesario llamar inmediatamente al 112, aunque los síntomas desaparezcan en pocos minutos.
Cómo mejorar la recuperación cognitiva después de un ictus
La rehabilitación cognitiva debe adaptarse a las necesidades, capacidades y objetivos de cada persona. No existe un programa único válido para todos los pacientes ni puede garantizarse una recuperación completa, pero hay estrategias que pueden facilitar el desempeño en las actividades cotidianas.
1. Practicar con tareas de la vida diaria
Preparar una lista de la compra, organizar una salida o planificar una actividad permite trabajar capacidades cognitivas mediante ejercicios relacionados con situaciones reales.
2. Utilizar agendas, alarmas y listas
Los recordatorios y las herramientas de organización pueden ayudar a compensar las dificultades de memoria y planificación. Es importante aprender a utilizarlos de forma sistemática.
3. Reducir las distracciones
Trabajar en un entorno tranquilo, realizar una tarea cada vez y seguir instrucciones sencillas puede facilitar la concentración. La dificultad de los ejercicios debe ajustarse progresivamente a la evolución de cada persona.
4. Adaptar la comunicación
Cuando existen problemas de lenguaje, las imágenes, los gestos, las palabras escritas y las conversaciones sobre temas familiares pueden facilitar la interacción. La participación de familiares y cuidadores también puede contribuir a mejorar la comunicación diaria.
5. Respetar los tiempos de descanso
La fatiga puede dificultar la participación en la rehabilitación. Alternar actividad y descanso, adaptar las tareas a la energía disponible y consultar los problemas persistentes de sueño son aspectos importantes del proceso.
El objetivo: recuperar autonomía en el día a día
La recuperación después de un ictus no se limita a recuperar fuerza o movilidad. También implica identificar las dificultades cognitivas que pueden interferir en la vida cotidiana y trabajar para mejorar la autonomía de cada persona.
NeuronUP, plataforma digital española especializada en evaluación y rehabilitación cognitiva para profesionales de la salud, destaca la importancia de adaptar las intervenciones a las necesidades individuales y trasladar los avances de los ejercicios a situaciones reales.
La detección temprana de las dificultades, la valoración especializada y el acompañamiento de los profesionales y del entorno familiar pueden ayudar a orientar la rehabilitación y a establecer objetivos realistas para cada paciente.










