Centros de datos en España: miles de empleos durante las obras y una pregunta incómoda cuando empiezan a funcionar
La expansión de la inteligencia artificial está atrayendo inversiones millonarias, pero las plantillas necesarias para construir estas instalaciones pueden ser muy superiores a las que mantienen una vez abiertas. Aragón ofrece algunas de las cifras que permiten entender el debate.
Los centros de datos en España se están convirtiendo en uno de los grandes negocios de la nueva economía digital. Detrás de cada conversación con inteligencia artificial, cada vídeo almacenado en la nube y cada servicio digital hay enormes instalaciones que necesitan suelo, electricidad, sistemas de refrigeración y personal especializado.
La inversión anunciada está alcanzando cifras extraordinarias. Sin embargo, hay una cuestión que merece más atención: ¿cuántos puestos de trabajo permanecen en el territorio cuando termina la construcción de estos gigantes tecnológicos?
La diferencia puede ser considerable. Y entenderla resulta fundamental para los municipios que compiten por atraer estas instalaciones y para los ciudadanos que esperan que las grandes inversiones se traduzcan en oportunidades laborales duraderas.
De 1.200 trabajadores durante las obras a 200 cuando el centro funciona
Aragón se ha convertido en uno de los principales escenarios de esta expansión tecnológica en España. Los proyectos anunciados en la comunidad permiten observar una diferencia importante entre el empleo generado durante la construcción y el necesario para mantener las instalaciones operativas.
Uno de los ejemplos es el complejo Rhodes, en Calatorao. Las previsiones difundidas para este proyecto contemplan alrededor de 1.200 empleos directos durante las obras y unos 200 puestos en su fase de explotación.
Otro caso es Green IT Aragón, que ha anunciado hasta 2.300 trabajadores durante la construcción frente a unos 320 durante el funcionamiento.
Microsoft, por su parte, calcula alrededor de 900 empleos estables cuando estén completados sus tres campus en Aragón.
Son previsiones vinculadas a proyectos concretos, no cifras de empleo ya consolidado ni una estimación aplicable a todos los centros de datos. Pero muestran por qué no se puede confundir el volumen de trabajadores de una obra con la plantilla que necesitará después.
La inversión millonaria no cuenta toda la historia
El atractivo económico de estas infraestructuras es evidente. Su construcción moviliza empresas de ingeniería, obra civil, instalaciones eléctricas, seguridad, climatización, mantenimiento y servicios auxiliares.
También pueden generar ingresos para las administraciones mediante impuestos y actividad económica asociada.
Pero la pregunta para un municipio no debería limitarse a cuánto dinero anuncia una compañía. También debería incluir cuántos empleos serán indefinidos, qué perfiles profesionales se contratarán, qué empresas locales podrán participar y qué ingresos quedarán realmente en el territorio.
Una obra puede transformar temporalmente la actividad de una localidad. El funcionamiento posterior de una instalación tecnológica, sin embargo, responde a una lógica diferente: necesita menos trabajadores que la fase de construcción y requiere perfiles técnicos muy específicos.
España ha concedido capacidad eléctrica para miles de megavatios
La dimensión del fenómeno también se aprecia en la red eléctrica.
Según el mapa de Red Eléctrica publicado el 1 de octubre, los centros de datos tenían concedidos 6.329 megavatios de acceso a la red de transporte en España. Esa cifra representaba el 34,2 % de toda la capacidad concedida a nuevas demandas.
El dato necesita una explicación importante: no significa que todos esos centros estén construidos, conectados o consumiendo ya esa electricidad. Se refiere a capacidad de acceso concedida para nuevos proyectos.
Aragón concentraba más de 2.400 megavatios de esa capacidad todavía pendiente de puesta en servicio, lo que ayuda a entender por qué se ha convertido en uno de los territorios protagonistas de esta industria.
La abundancia de producción renovable es uno de sus atractivos, pero disponer de generación eléctrica no significa que la red tenga capacidad ilimitada para conectar nuevos consumidores.
El Gobierno cambia las reglas para los grandes centros de datos
El crecimiento de estas instalaciones ha llevado al Gobierno a preparar una regulación específica. El nuevo texto remitido al Consejo de Estado introduce cambios respecto al primer borrador y centra algunos de sus requisitos en las instalaciones de mayor tamaño.
Entre las condiciones figura que los centros de datos de más de 10 megavatios cubran al menos el 80 % de su consumo eléctrico con fuentes renovables, mediante las fórmulas previstas en la propuesta.
El documento también contempla el uso de baterías y una vía de adaptación progresiva de hasta cinco años. En ese periodo, las instalaciones que opten por esa transición deberán aceptar la posibilidad de que se reduzca o interrumpa su suministro cuando sea necesario para el sistema eléctrico.
La regulación aborda igualmente la eficiencia energética y el consumo de agua, dos cuestiones especialmente relevantes en unas infraestructuras que necesitan refrigeración constante.
Las cinco preguntas que debería hacer cualquier municipio antes de recibir un centro de datos
La llegada de una gran instalación tecnológica puede representar una oportunidad, pero su impacto no debería medirse únicamente por el importe anunciado de la inversión.
Hay cinco cuestiones que ayudan a valorar su retorno real:
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Empleo permanente: cuántas personas trabajarán allí una vez terminadas las obras.
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Contratación local: qué oportunidades tendrán las empresas y los trabajadores del municipio y de su entorno.
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Electricidad: qué potencia necesitará la instalación y qué infraestructuras serán necesarias para conectarla.
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Agua: qué volumen consumirá y qué sistemas utilizará para refrigerar los equipos.
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Retorno económico: qué ingresos fiscales, actividad empresarial y servicios quedarán en la zona.
Estas preguntas también tienen interés para Galicia y para cualquier territorio que aspire a captar inversiones tecnológicas. La oportunidad no consiste solamente en atraer edificios llenos de servidores, sino en conseguir que la actividad económica tenga un efecto duradero sobre el entorno.
La nueva economía digital también se mide en el territorio
La inteligencia artificial se presenta como una revolución capaz de transformar la industria, la educación, la medicina y el empleo. Pero su infraestructura física obliga a plantear una cuestión mucho más concreta.
Cuando termina una obra de miles de millones de euros, ¿qué queda en el municipio que la ha acogido?
La respuesta no está únicamente en el tamaño de la inversión ni en las fotografías de las instalaciones. Está en los puestos de trabajo que permanecen, los recursos que consume, las empresas locales que participan y los ingresos que recibe el territorio.
Ese será uno de los indicadores que permitirá distinguir una inversión tecnológica de una verdadera oportunidad de desarrollo económico.










