Lo que está ocurriendo en el Ayuntamiento de A Coruña da para una novela. La alcaldesa y su mano derecha (acaso sea al revés pero formalmente quién manda es doña Inés) no ganan para disgustos. Tuvieron que renunciar a ser sede del Mundial porque no hicieron los deberes y carecen de financiación para afrontar el proyecto. Intentaron convencer a los coruñeses de que no merecía la pena tal aventura mientras el alcalde de Vigo, Abel Caballero, se está partiendo la cara por conseguirlo. O Abel es idiota, un necio empedernido, o doña Inés y su alter ego, Lage Tuñas, tienen la cara más dura que el granito que están empleando en la obra de Los Cantones. Por cierto, un despropósito sideral ese proyecto de remodelación que va a convertir un paseo en un cementerio, solo le faltan las lápidas. ¡Qué barbaridad, qué despilfarro! A lo que íbamos, el descuadre de tesorería que arrastra el ayuntamiento de los Pimpinela (así los denomina una parte del ejecutivo local, nada partidarios del dúo) supera los diez millones de euros según informe de la autoridad competente. Dicho documento descansa, desde hace un par de semanas, en la mesa de la alcaldesa a la espera de que lo rubrique. Pasa lo de siempre, hinchamos los ingresos y después las cuentas no salen. Pasa también en la empresa privada pero en este caso el dinero lo pone el empresario. A ver cómo lo explican. Por cierto, lo de Pimpinela es porque andan siempre a la greña pero a la hora de la verdad son uña y carne.









