En el PP están acogotados, no se fían de Pedro Sánchez, lo creen capaz de organizar un pucherazo electoral como hizo en las primarias del PSOE. Están pensando qué hacer para neutralizar un posible amaño. Lo primero, lo tienen claro, en cada mesa tiene que haber, al menos, un apoderado del PP y dejar constancia audiovisual del recuento. Por si hiciera falta revisar el escrutinio mesa por mesa.
El poder del yerno de Sabiniano es absoluto. Controla todos los organismos y empresas vinculadas al proceso electoral. Desde el ministerio del Interior al de Presidencia, desde Correos a Indra, desde el INE al CIS, desde la Fiscalía General de Estado al Tribunal Constitucional y todos los medios públicos y la mayoría de los privados. Nada se le escapa.
Los conservadores no creen en la conciencia democrática de Sánchez. Por dudar, dudan de que las elecciones generales se celebren el próximo año. Algunos apuestan por un adelanto y otros por una excepcionalidad que permita a don Pedro retrasar la convocatoria más allá de la fecha establecida por la Ley Electoral.













